Ciclos y etapas de desarrollo de la violencia

La violencia de género se manifiesta de múltiples maneras, con formas específicas sobre los distintos tipos de mujeres. Tratando de acercarnos a las mujeres, como individuos que sufren directamente la violencia sobre su persona, es posible encontrar ciertos procesos o fases que, de forma general, se dan en muchos casos de violencia en nuestro contexto. Nos estamos refiriendo a la violencia de género ejercida en el seno de la pareja o expareja y en nuestra cultura y sistema sociopolítico1. En este sentido se ha hablado de 4 etapas bien diferenciadas2:
  • Inicio: caracterizada por el comienzo de amenazas, rotura de objetos, silencios, burlas, que van progresando y aumentando poco a poco. La violencia dentro de la pareja no comienza con una agresión física por muy leve que esta sea. 
  • Moderada: empiezan a aparecer las agresiones físicas. En más ocasiones de las esperadas las víctimas no reconocen en los empujones o agarrones una señal de violencia, puesto que tienen normalizadas esas conductas. 
  • Grave: abofetear, pinchar, dar patadas, arrancar el pelo. Morder, aislar, controlar, escupir, fracturar...
  • Muy grave: ahogar, agredir con objetos contundentes, violaciones, uso de armas, quemar, flagelar...
  • Fatal: puede producirse la muerte.
Al fin y al cabo estas etapas se refieren al nivel de gravedad o peligrosidad de las conductas violentas si bien, no en todas las situaciones de violencia se cumplen estas etapas ya que el objetivo de la misma consiste en controlar y someter a la víctima. Si este control y sometimiento se logra mediante violencia psicológica, el maltratador es probable que no utilice más formas de maltrato. La gravedad y contundencia aumenta conforme formas de control previas van perdiendo eficacia o, lo que es lo mismo, cuando el maltratador considera que la mujer se resiste a ser sometida y controlada. Así, mientras que, especialmente por los medios de comunicación, llegamos a conocer muchos casos que siguen este patrón de etapas sucesivas, existen muchas otras historias de violencia que, al mantenerse en niveles de gravedad media, no llegan a conocerse públicamente y, mucho menos, denunciarse. Ello no debiera ser justificación para no prestarles la atención necesaria para su prevención y protección. De uno u otro modo, las etapas se refieren a la evolución, a lo largo del tiempo, de las conductas violentas que se ejercen contra la mujer. En otro orden se encuentra el denominado “ciclo de la violencia” consistente en fases consecutivas que se repiten, cíclica o circularmente, manteniendo a la mujer en una situación de sumisión y maltrato. Este ciclo se compone de tres fases principales bien diferenciadas3:

1ª Escalada. Gestación de la dependencia y el aislamiento: El agresor va acumulando tensión por todo aquello que en la relación no es como él considera que tiene que ser. Se trata en realidad de una serie de tácticas coercitivas con el objeto de aislar a la mujer de las posibles redes de apoyo y hacerla dependiente del propio agresor, tanto en lo económico como en lo afectivo. Se trata, por tanto, de conductas más o menos coercitivas consistentes en procurar el aislamiento o dependencia. Hay múltiples formas de llevar a cabo este tipo de coerción, incluso invocando al sentimiento de culpa de la mujer, por ser egoísta y abandonar al hombre, por ejemplo. En esta fase, la tensión va poco a poco en aumento pero puede tener una duración larga en el tiempo, si la misma es suficiente para mantener el control.

2ª Cima: Afirmación contundente de dominio. Es una reacción intensa de fuerza destinada a asustar y establecer definitivamente el control. Suele ser una agresión física o también el uso de amenazas graves, o la destrucción de objetos comunes o propios de la mujer. Esta explosión  no tiene una causa real, aunque el agresor siempre la encuentra en algún acto de la mujer (por ejemplo, no tener la cena preparada o una camisa planchada).

3ª Descenso: El “arrepentimiento”. Es una fase de manipulación afectiva, un proceso que utiliza el agresor para mitigar el sentimiento de culpa y evitar que la relación termine. Esta fase también es conocida como “luna de miel” porque el agresor comienza a hacer regalos y promete que todo va a cambiar, que está muy arrepentido de lo que ha pasado y que nunca volverá a repetirse. Una vez que se ha mitigado el sentimiento de culpa y el riesgo de ruptura, la tensión comienza de nuevo. El tiempo de duración de las distintas fases es variable. Como se ha indicado, la fase de escalada puede durar mucho tiempo, comenzando por formas muy sutiles de control y lentamente aumentando el grado de violencia. Cuando los niveles de violencia de esta fase dejan de ser suficientes para mantener el control y la sumisión de la mujer, llega la afirmación contundente de dominio, es decir, la cima. Conforme el tiempo avanza, la relación entre estas fases se va modificando. La fase de tensión tiene cada vez menor duración, es decir, la afirmación contundente de dominio aparece antes y puede llegar un momento en la relación en que el sometimiento de la mujer es tal, que la fase de luna de miel se reduce enormemente e, incluso, desaparece.

1. Queda aún mucho por investigar sobre los componentes de género y discapacidad (y su interrelación) que se dan en otras formas de violencia donde la persona agresora, siendo del círculo cercano y afectivo de la víctima, no es la pareja o expareja.
2. ÁLVAREZ, Ángeles. Guía para mujeres maltratadas. Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, 2002.
3. Los nombres de las fases son tomados de Ángeles Álvarez. Guía para mujeres maltratadas, 2002. Las definiciones son tanto de esta publicación como de Maletín para la Coeducación, Ni más ni menos, Igual a 2. Cuadernillo nº 5. Violencia de Género. Fundación Mujeres. Proyecto NEMESIS, iniciativa EQUAL http://www.fundacionmujeres.es/maletincoeducacion/pdf/CUAD5horiz.pdf