Procesos de victimización

En victimología se hace alusión a distintos tipos o procesos de victimización que tratan de arrojar luz sobre las consecuencias del acontecimiento (o acontecimientos) traumático en la víctima. Así se ha llegado a distinguir tres niveles o procesos que Juan Ignacio Paz1, en el caso de la violencia de género, presenta como:
  • Victimización traumática: Consecuencias derivadas de los episodios de violencia (…) en los que la mujer ha sentido amenazada su integridad física y psíquica o han atentado directamente provocando secuelas físicas. En mujeres con discapacidad, pueden no ser perceptibles de forma inmediata.
  • Victimización primaria: Consecuencias derivadas directamente de la relación de dominio, control y violencia a la que ha estado sometida la mujer a lo largo del tiempo y efectos sobre los hijos e hijas que son testigos de la misma. Tiene que ver con la dificultad para desplegar estrategias de auto-protección, distorsiones de la función cognitiva, falta de control sobre el propio cuerpo.
  • Victimización secundaria: derivada de las vivencias de la mujer tras pasar por los diferentes itinerarios de la violencia (policía, centros de salud, juzgados, juicios, centros de la mujer, asesoría legal, etc.) La falta de credibilidad que ostentan muchas mujeres por tener discapacidad puede agravar aún más estas consecuencias.
  • Victimización terciaria: consecuencias y efectos provocados por el contexto social que la rodea y derivadas del trato dado por el barrio, comunidad de vecinos, familia de origen, hijos/as, centro de trabajo. Estos efectos pueden perpetuar la situación de violencia, por ejemplo, minimizándola o ignorándola.
  • Victimización invisible: Provocada principalmente por actitudes y valores sociales discriminatorios y estereotipados (medios de comunicación, principalmente). En las mujeres con discapacidad fomentar y perpetuar su imagen de dependientes, carga familiar, desgracia, etc. y cómo no, su invisibilidad como posibles y reales víctimas de violencia.
Como se puede deducir, hay procesos de victimización evitables o, al menos, susceptibles de ser reducidos mediante el desarrollo de los medios y protocolos oportunos así como por el cambio de actitudes. La victimización secundaria se reduce cuando: los servicios y recursos de atención a las víctimas están coordinados mediante protocolos de actuación que reduzcan al máximo el número de personas que intervienen directamente con la mujer, maximicen el intercambio de información y establezcan un sistema de información riguroso y centralizado; se reduce también cuando las y los profesionales que atienden a las víctimas en los distintos recursos y servicios (salud, justicia, servicios sociales, etc.) están especializados en esta materia y, sobre todo, sensibilizados con este asunto y concienciados con su importante papel en el proceso; puede reducirse también garantizando un acompañamiento profesional competente a lo largo de todo el proceso y el acceso a atención psicológica especializada y gratuita en todo momento. Tanto a nivel nacional como autonómico se están llevando a cabo muchos esfuerzos por reducir esta victimización secundaria, prueba de ello son las normativas, planes, programas y protocolos que se están poniendo en marcha. Es quizá en el ámbito de las y los profesionales, donde las necesidades formativas y de sensibilización para el cambio de actitudes siguen siendo acuciantes ya que, en gran parte, depende de actitudes y motivaciones individuales previas.

Por su parte la victimización terciaria es probable que sólo pueda prevenirse a largo plazo, con políticas educativas atrevidas y decididas a erradicar la violencia de género y a garantizar la igualdad de oportunidades entre todas las personas. Mientras ello ocurre, habrá que contentarse con reducirla mediante estrategias de sensibilización y concienciación en amplios sectores sociales, así como con servicios y recursos específicamente destinados a familiares de víctimas de violencia.

Finalmente la victimización invisible trata de ser reducida en disposiciones de la ley orgánica estatal contra la violencia, antes mencionada, si bien queda mucho esfuerzo por hacer. Entre otras cuestiones es posible que sea necesario el establecimiento de medidas sancionadoras por la promoción de falsos estereotipos de género, de actitudes discriminatorias y de la violencia.

1. Paz, Juan Ignacio. Instituto Andaluz de la Mujer. Material didáctico. Mímeo.